lunes, 13 de marzo de 2017

Beato Aquilino Rivera Tamargo



Beato Aquilino Rivera Tamargo

Nació en Peal de Becerro, provincia y diócesis de Jaén, el  4 de enero de 1907. El 15 de abril de 1933 fue ordenado sacerdote. Fue asesinado el 22 de noviembre de 1936 en el Cementerio de Almería.
Dio su primera misa en Pozo Alcón, ya que era el lugar donde residía su familia. 
El Siervo de Dios murió el 22 de noviembre de 1936 con 29 años. Había sido ordenado presbítero el 15 de abril de 1933. Por tanto fue sacerdote algo más de tres años.
Cuando fue asesinado el Siervo de Dios era coadjutor de Huéscar, perteneciente entonces a la Archidiócesis de Toledo y ahora a la Diócesis de Guadix, en la provincia de Granada, aunque fue martirizado en el cementerio de Almería después de estar preso en cárceles de Baza y Guadix y finalmente en el Cuartel de las Milicias, en Almería, de donde fue sacado para ser asesinado.
El Siervo de Dios nació en Peal de Becerro el día 4 de enero de 1907. Esta villa, del arciprestazgo de Cazorla, en la provincia de Jaén, pertenecía al "adelantado" de Cazorla que fue diócesis de Toledo hasta 1954, por lo que el Siervo de Dios estudió en el seminario de Toledo, donde fue incardinado. Por ello su único destino pastoral fue en Huéscar, dentro de los límites territoriales de la Archidiócesis Primada, aunque el Siervo de Dios hubiera nacido en territorio de la provincia civil de Jaén y sea hecho prisionero en Huéscar, territorio de la provincia civil de Granada, pero ambos lugares de la Archidiócesis de Toledo.
De su bautismo no hay constancia escrita en el libro de bautismos de su lugar de nacimiento, Peal de Becerro, porque fue incendiado el archivo parroquial en 1936; en el expediente de órdenes, en el arzobispado de Toledo, se conserva una copia de la partida expedida por el párroco de Peal en 1928.
De su confirmación, igualmente, en 1928 se expide una certificación archivada en el mismo expediente. La recibió el 18 de noviembre de 1912.
Como se ha dicho antes, sus estudios eclesiásticos los realiza en el seminario de Toledo, entonces Universidad Pontificia; ingresó en 1919. Durante su época de seminarista realiza el servicio militar, obligatorio entonces también para seminaristas y sacerdotes, en el regimiento de Telegrafía y Automovilismo de Madrid.
Su vida pastoral sólo la desarrolló en su único destino: como coadjutor de Huéscar y encargado del pequeño anexo, aldea de San Clemente.
En el expediente de órdenes se conserva el manuscrito solicitando la ordenación sacerdotal.
Prisión, martirio y fama de martirio
En julio de 1936 fueron apresados d. Aquilino como su párroco y arcipreste D. Francisco Martínez Garrido. Los dos fueron conducidos, después, en los primeros días de agosto desde la cárcel de Huéscar a la de Baza y después al seminario de Guadix, convertido en prisión. De Guadix los dos sacerdotes fueron llevados a la prisión de Almería; pero sin que se sepa el motivo, al Párroco D. Francisco Martínez Garrido lo llevaron preso a Vélez-Rubio, permaneciendo en el Cuartel de las Milicias de Almería.
En la noche en que iba a ser asesinado, confesó a cuantos con él iban a ser asesinados unas horas después con él mismo.
Intervino en la ejecución el sargento Pedro Molina Quesada, que tanto protagonismo tuvo junto con los hermanos Águila Aguilera en las "sacas" de las diversas noches de asesinatos en Almería. Así lo relata el propio sargento Molina en su declaración:
"La lista la llevó al Cuartel de las Milicias un tal Joaquín Moreno Morales... y fue confeccionada o en el confité central o por los miembros del comité de presos...; acto seguido se procedió a su lectura en las distintas salas llamando a los presos que en ella figuraban, los cuales salieron al patio; pero antes, en el pasillo les ataron las manos a la espalda, con unas sogas que a ese efecto llevaba preparadas Juan Requena Martínez, Jefe del Comité de las Milicias y supremo Jefe de las mismas en Almería... El declarante subió a uno de los coches, en unión del sargento de carabineros, apellidado Requena, de Joaquín Moreno Morales... Trasladados todos al cementerio de Almería, cuyas puertas se encontraban abiertas, penetraron en su recinto y se dirigieron hacia la derecha donde había una fosa abierta. Los ejecutores fueron sólo tres: Joaquín Moreno Morales, Juan Requena Martínez y Luis Fernández Espinar. Emplearon para la ejecución pistolas del siete sesenta y cinco y otras del nueve largo. Los mismos ejecutores llevaban a los presos, uno a uno al borde de la fosa y una vez allí les hacían un disparo en la nuca y acto seguido un empujón, cayendo la víctima a la fosa. Y así todos hasta acabar con el último."
La minuciosidad de los detalles da a la narración todas las características de verosimilitud y tanto más aparece la frialdad y saña con que procedían los verdugos cuando añade el declarante que
"ni él ni los demás ejecutores estaban borrachos. Recuerda (el declarante) que entre los asesinados esa noche figuraban dos o tres vecinos de Huéscar (Granada) que sufrían prisión en el Cuartel de las Milicias, entre ellos el sacerdote Aquilino Rivera Tamargo".
Del martirio de este sacerdote da cuenta también el libro "El seminario conciliar de San Ildefonso de Toledo, cien años de historia".
Su muerte fue en la noche del 22 de noviembre de 1936 y sus restos se encuentran en el mausoleo de los mártires del cementerio de Almería.
Es muy necesario subrayar la relación del párroco y D. Aquilino, Coadjutor en Huéscar, trabaja unido a su párroco, y unidos también son hechos prisioneros, aunque en los días finales fueron separados y sufrieron el martirio en días distintos. Este comportamiento, lleno de maldad y ensañándose precisamente de modo especial con los tres sacerdotes del grupo de catorce que son llevados para trabajos forzados al Jaime I, bien demuestra las intenciones y los móviles "in odium fidei" de quienes así actúan, "torturando, apaleando y martirizando sin piedad", lo que hace que el testigo diga: "Yo considero que el Siervo de Dios, además de ser un sacerdote bueno y ejemplar, es un verdadero mártir ".
En cuanto a los restos de este beato, resulta imposible identificarlos, por la probabilidad de que fueran echados a las calderas y porque no hay referencia a que hubiera una exhumación de sus restos al concluir la guerra española.

información extraída de la pagina: http://www.diocesisdeguadix.es/

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