domingo, 19 de enero de 2014

¿SAN SEBASTIAN COPATRÓN DE POZO ALCÓN?


¿Un patronazgo olvidado?


 Diréis que estoy loco, que  como es posible que san Sebastián sea 
nuestro copatrón  si es san Gregorio el patrón.
 Pues sí, poceños,  en muchas localidades  hay patrón y copatrón, en Pozo Alcón tenemos como Patrón a San Gregorio de Nacianceno y  como conpatrón a San Sebastián.
 Ese patronazgo se le podría relacionar ( creo yo) con la vecina 
localidad de Quesada, pues para aquellos que desconocéis nuestra historia localidad, Pozo Alcón  hasta el año 1618, perteneció a Quesada y en esta localidad el patrón es San Sebastián. Es posible  que  los poceños tomaran a San Sebastián  como copatrón o como posible patrón al protector de Quesada, en recuerdo de los lazos de unión que durante tantos años  tuvieron  ambas localidades. Pero  debo de aclarar que todo esto son suposiciones pues a lo que a mi respecta no hay documento que lo afirme.
 Para aquellos que no me crean o  quieran informarse,  se nombra a san Sebastián como copatron de esta localidad en la página web del Ayuntamiento de Pozo Alcón.



para aquellos que no conocéis a san Sebastián esta es una breve  historia de su vida.




Vida de San Sebastián



Sebastián era hijo de familia militar y noble, oriundo de Milán (263).

Cumplía con la disciplina militar, pero no participaba en los sacrificios idolátricos. Como buen cristiano, no solo ejercitaba el apostolado entre sus compañeros sino que también visitaba y alentaba a los cristianos encarcelados por causa de Cristo. Fue a partir del encarcelamiento de dos jóvenes, Marco y Marceliano, cuando

el Emperador Diocleciano también se enteró de que Sebastián era cristiano y mandó arrestarlo. Sebastián fue apresado en el momento en que enterraba a otros mártires, conocidos como los “Cuatro Coronados”. Fue llevado ante Diocleciano que le dijo: “Yo te he tenido siempre entre los mejores de mi palacio y tú has obrado en la sombra contra mí, injuriando a los dioses”.



San Sebastián no se amedrentó con estas palabras y reafirmó nuevamente su fe en Jesucristo. La pena ordenada por el Emperador era que Sebastián fuera atado y cubierto de flechas en zonas no vitales del cuerpo humano, de forma que no muriera directamente por los flechazos, sino que falleciera al cabo de un tiempo, desangrado, entre grandes y largos dolores. Los soldados, cumpliendo las órdenes del Emperador, lo llevaron al estadio, lo desnudaron, lo ataron a un árbol y lanzaron sobre él una lluvia de saetas. Cuando acabaron su misión y vieron que Sebastián ya estaba casi muerto, dejaron el cuerpo inerte del santo acribillado por las flechas

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